martes, 5 de enero de 2010

♣ PEDAGOGÍA PARA LA TRANSFORMACIÓN (Debate)

Te invitamos a formar parte del movimiento por una
PEDAGOGÍA PARA LA TRANSFORMACIÓN

I. ¿QUÉ ES UNA PEDAGOGÍA PARA LA TRANSFORMACIÓN?

Partiendo de que, toda acción educativa es la aplicación de una teoría y política educativa, nos preguntamos los maestros ¿Cuál es la nuestra? La respuesta concreta salta a la vista, no la tenemos, simplemente en la universidad aprendimos tangencialmente ciertas teorías pedagógicas “de moda” y en el trabajo con nuestros estudiantes aplicamos lo que los de arriba elaboran para nosotros a través de los contenidos en los diseños curriculares.

Tal aplicación nuestra cotidianamente, conforme nos señala la práctica, sólo favorece al neutrismo pedagógico, al pesimismo, pese a que enseñamos con optimismo, a la inercia, la indiferencia y la complacencia, hecho perjudicial para nosotros los maestros, nuestros estudiantes y nuestro pueblo porque los orientamos a mantener el capitalismo, sistema económico social dominante por todos conocidos por su meta final que es el dinero, proceso fortalecido por el individualismo, el egoísmo, la inequidad y todo tipo de injusticias.

Transformar esa forma de pedagogía y trabajo, es siempre una tarea pendiente de todos los que nos dedicamos a la educación de nuestro pueblo, unos ya aplicando determinadas ideas transformadoras y otros buscando configurar un trabajo transformador. Paulo Freire es uno de los principales impulsores de las ideas transformadoras que recomendamos su lectura.

En ese sentido queremos contribuir con este proceso de ideas pedagógicas, señalando y sintetizando lo que entendemos por Pedagogía para la Transformación, muy necesaria para nuestra época actual.

Pedagogía para la Transformación, es un proceso teórico y práctico, que busca ser la ciencia de mejoramiento de la educación para contribuir con el cambio social estructural y la forja de la Sociedad Superior. Significa pensar y ejecutar científicamente las cosas, principalmente el trabajo en el aula que debe ser laboratorio de análisis y síntesis de nuestra realidad y del trabajo colectivo; desentrañar colectivamente todos los problemas que dificultan el aprendizaje integral de nuestros alumnos. Significa concebir la vida y el mundo como un proceso; la realidad como objeto del conocimiento, interpretación y transformación; significa reconstruir nuestra práctica individual y colectiva y nuestros conocimientos a través del pensamiento científico.

Entendiendo en forma práctica como pensamiento científico el de basar nuestro trabajo en la realidad objetiva y concreta; en los hechos y en la práctica concreta para luego someternos a su evaluación y prueba. Supone también un trabajo prolongado, paciente, minucioso y con autonomía fundamentalmente confiando en nuestras propias fuerzas. Todo bajo el marco de una concepción científica del mundo que remarca que nuestras ideas provienen de la práctica social en sus tres formas: Lucha por la producción, investigación y experimentación científica y lucha por una Sociedad Superior.

En ese sentido, Pedagogía para la Transformación, es pensar la sociedad más allá de lo establecido y construir un mundo superior como perspectiva. En síntesis, Pedagogía para la Transformación significa enseñar y educar individualmente y colectivamente para interpretar y transformar la realidad.

Paulo Freire decía en “Pedagogía del Oprimido” (Pág. 105) que, más si decir la palabra verdadera que es trabajo, que es praxis, es transformar el mundo; decirla, no es privilegio de algunos hombres sino derecho de todos los hombres. Precisamente por esto, nadie puede decir la palabra verdadera solo, o decirla para los otros, en un acto de prescripción con el cual quita a los demás el derecho de decirla. Decir la palabra, referida al mundo que se ha de transformar, implica un encuentro de los hombres para esta transformación. Indudablemente se está refiriendo al trabajo colectivo, al trabajo de todos, uno solo poco o nada puede hacer, por ello también decía que, nadie se educa solo todos nos educamos en comunión y en comunidad por cierto, por no decir comunitariamente.

Por ello comparto, esta mis disquisiciones teóricas y prácticas, invocando y sembrando el derecho de cogerlo todo e impulsar una Pedagogía para la Transformación.

Ahora bien, una Pedagogía para la Transformación no lo vamos a encontrar exclusivamente en los libros, fundamentalmente lo vamos a extraer y forjar de la realidad que vamos a interpretar y transformar. Y, la realidad actual es el sistema capitalista imperial que nos toca vivir, que basa su desarrollo en la estructura productiva (economía y capital) como fin supremo, relegando al hombre al último lugar, donde los niños no tienen infancia, donde el que no consume no es digno y el que no genera plusvalía no sirve y utilizando precisamente la educación y toda la superestructura como la política, ideología, cultura, arte, literatura y religión, como sus sostenedores y al maestro como instrumento de ello.

En esa medida, una Pedagogía para la Transformación no constituye un sistema acabado; es un proceso; es la dialéctica que se desenvuelve en la educación, se introduce científicamente en el proceso educativo y en los principios didácticos buscando descubrir las leyes y metas del aprendizaje y la enseñanza que todavía no conocemos. Tal educación sólo puede apoyarse en los maestros dialécticos y, en nuestro tiempo, todos los maestros debemos ser dialécticos.

¿Qué significa ser Maestro Dialéctico?

Ser Maestro Dialéctico significa aprender y aplicar una Pedagogía para la Transformación, es decir, pensar y actuar científicamente; mirar la educación como un proceso social, cuyas características, objetivos, metas y principios didácticos están determinados por la realidad de un momento o período histórico concreto determinado.

Ser Maestro Dialéctico significa mirar que los principios didácticos interactúan, están íntimamente relacionados entre sí, son un sistema integrado, de tal manera que no podemos aplicar alguno de ellos sin que los demás no estén comprometidos; por supuesto en diferente grado de intensidad en su actuación.

Ser Maestro Dialéctico significa transformar las condiciones y actitudes poco favorables en energía y fuerza liberadora de uno mismo y del otro ser humano que sufre y no quiere reconocerlo o no sabe el camino de liberación y a quien hay que ayudar.

Ser Maestro Dialéctico significa pensar y comprobar que la educación no es neutra ni aséptica y, que sólo la conciencia científica y crítica nos puede ayudar en la transformación.

Sólo la dialéctica es el principio didáctico fundamental que acude como apoyo básico y determinante para una Pedagogía para la Transformación.

Pero, me preguntarás ¿Qué son los principios didácticos? Y ¿Cuáles son los que contribuyen con una Pedagogía para la Transformación?

Los principios didácticos son el conjunto de normas fundamentales más generales que empleamos los maestros para concretizar el proceso de enseñanza y aprendizaje. Se aplican para todas las áreas del conocimiento, para todas las asignaturas, en todas las etapas y la organización de la enseñanza y el aprendizaje en una clase determinada; incluso puede extenderse a la elaboración de los planes de trabajo, los materiales didácticos, el plan de evaluación, etc.

Los principios didácticos en una Pedagogía para la Transformación deben ser una práctica de experimentación científica constante y deben tener una intima relación e interactuar con la dialéctica. Por ello, tomando como base la dialéctica, como sugerencia los principales y fundamentales principios didácticos pueden ser los siguientes:

1.- Intima relación entre teoría y práctica. Siendo lo determinante la práctica. Significa partir de la realidad. Conocerla para transformarla.

2.- En el mundo y la sociedad nada es definitivo ni sagrado. Sólo el movimiento y el cambio son absolutos.

3.- Todo interactúa, se interrelaciona. No existen cosas aisladas ni procesos aislados: Incluso la soledad está encadenada a una gama de motivos, procesos, actitudes y necesidades.

4.- Una educación democrático-científica sólo es consustancial a una enseñanza también democrático-científica.

5.- Lo concreto y lo abstracto forman una unidad de contrarios.

6.- Maestro y alumno interactúan y aprenden mutuamente.

7.- La actividad individual y la actividad comunitaria forman parte de un solo engranaje educativo, dirimiendo responsabilidades individuales y responsabilidades colectivas.

8.- El análisis y la síntesis como proceso de sistematización de la comprensión de los fenómenos, forman una unidad científica.

9.- La causa y el efecto son parte de un mismo problema o fenómeno; donde es fundamental estudiar y resolver las causas para resolver los efectos.

10.- La vida es una contradicción permanente. Lucha y unidad de contrarios permanente que empujan la transformación en uno u otro sentido: Lo bueno en determinadas circunstancias puede transformarse en malo, así como lo malo en bueno; la dicha en tristeza y la tristeza en dicha, etc.

Si usted mi amigo lector, estudia detenidamente y en forma dialéctica los principios didácticos antes descritos, se va a dar cuenta que guardan una íntima relación entre ellos. Si aplica uno de ellos, reitero, entran en actividad los demás.

Sólo la práctica educativa sincera, franca y leal nos puede conducir a una educación para, por y con la transformación y nos transforma en maestros dialécticos. Sólo hay que superar nuestra indiferencia, dogmatismo y mecanización. Recuperar nuestras funciones intelectuales, ante todo, la memoria y la capacidad colectiva del trabajo. También superar nuestras vergüenzas, temores, prejuicios y, sobre todo, la indiferencia que nos vuelve ciegos mirando nuestras miserias.

Por otro lado, las escuelas pueden ser activas y nuevas, pero, si no contribuyen con la transformación de la sociedad, no cumplen con su función. A no ser para seguir haciendo lo mismo, mantener el sistema.

Comprender y no olvidar que, una Pedagogía para la Transformación es un proceso que se rige por las leyes del desarrollo social. Combatir y derrotar el olvido y abrir la mente, es garantía para la implementación de una Pedagogía para la Transformación; de lo contrario seguiremos “muertos”. Y como dice José Saramago en su novela Todos los nombres: “La muerte definitiva es el olvido. Lo que se olvida, muere. Lo que no es tomado en cuenta, deja de existir aunque aparentemente viva”

Y, mientras el cerebro y la realidad se den la mano, habrá batallas justas y correctas de transformación. Seguiremos vivos, aun después de muertos.

II. IMPORTANCIA PARA LA EDUCACIÓN, EL APRENDIZAJE Y LA SOCIEDAD ACTUAL DE UNA PEDAGOGÍA PARA LA TRANSFORMACIÓN

La crisis de la educación actual, que sabemos cuáles son sus causas, espera propuestas de transformación, no sólo medidas efectistas para salir del paso o mejorar aspectos relativos del problema. Propuestas de transformación que partan aclarando en primer término, conceptos prácticos y concretos como el de educar y enseñar por ejemplo. Y, señalando niveles de transformación que partan de nuestra realidad educativa, también con criterios prácticos. En las instituciones educativas sólo se enseña pero no se educa, y, de ello no sólo son responsables los docentes, más por su indiferencia. La enseñanza sólo es instrucción y la instrucción es amaestramiento.

Que, las escuelas, hoy instituciones educativas en nuestro país; en la práctica, según cómo están estructuradas, son quietas y charlatanas, sólo representan quietud y charlatanería. Nos presentan ideales educativos fabulosos que nunca se cumplen. Producen lo contrario de lo que predican. Su bullicio interior son gritos de libertad de niños cargados de aburrimiento. El aprendizaje y la enseñanza están enjauladas, se dan en verdaderas aulajaulas y escuelajaulas, no sólo por su forma infraestructural, sino por su rígido reglamentarismo: Legal, curricular y evaluativo. Esto no significa que, “el principal problema de la educación peruana es la baja calidad de la enseñanza” como nos dan a entender las actuales medidas que se están tomando o las actuales propuestas de todos los frentes.

El principal problema de la educación es la completa contradicción entre el currículo y la vida cotidiana, cumpliendo una función esencial de sostener el sistema económico social injusto que domina. Nos aleja de la real sociedad y nos pinta un cuadro falso de la misma. Y lo que es peor, reitero, sostiene el dominante sistema injusto. Las escuelas y las universidades son islas dentro del sistema. Nos enseñan a no ver lo que estamos viendo.

Los maestros, sólo somos instrumentos del sistema, engrillados a un reglamentarismo absurdo y patético, sin posibilidad de participación y sugerencia educativa, con la mayoría de autoridades que no ven más allá de las normas. Nuestros pobres chicos están obligados a almacenar grandes masas de informaciones superfluas sin sacarlos al mundo; soportan horas de encierro que las campanadas o el timbrazo para el recreo son sonidos de libertad.

El grito y la amenaza han reemplazado a las palmetas; “Al rincón quita calzón” le ha reemplazado el gritón y asustón de lamentablemente algunos maestros. Los mismos que, reitero, sí somos responsables de nuestra indiferencia y silencio cómplices.

A pocos les importa saber o aplicar que el ideal de educación auténtica y concreta está determinado por el ideal de pueblo que queremos desarrollar, por el ideal de niño o joven que queremos forjar; el que a su vez está determinado fundamentalmente por las condiciones y características económicas y sociales concretas de ese pueblo. El ideal educativo, no sale de un escritorio de especialistas de largo historial y bolsillo palpitante, sino de nuestra realidad como pueblo. Los conscientes y buenos maestros, siempre buscamos desenjaularnos. Generalmente contra la corriente. Siempre buscando a todos.

Frente a ello, hasta el momento sólo hemos leído y analizado propuestas generales del “Foro Educativo” del “Consejo Nacional de educación” con su Proyecto Educativo Nacional; del SUTEP siempre ajustadas al sistema; peor aún por parte del Ministerio de Educación, propuestas para la enseñanza y presión evaluativa siempre poniendo como centro de responsabilidad a los docentes, dejando al sistema intacto. He ahí pues la importancia de la presente propuesta de una Pedagogía para la Transformación.

En ese sentido, desde el punto de vista de la Pedagogía para la Transformación, partimos en conceptuar que: Educar es cambiar, mejorar, autocontrolar las emociones; es asumir el compromiso ético de ser mejor persona cada día. Instrucción es enseñar, es manejar diestramente la técnica, los conocimientos y la información, los planes y programas. La educación es interna, la enseñanza es externa. Ambos tienen diferentes objetivos, metas y metodología; pero ambos siempre interactúan; más aún en una Pedagogía para la Transformación. Para que se comprenda mejor, resumiré lo que es el trabajo de enseñar y el trabajo de educar.

• El trabajo de enseñar se da en base a horas de estudio de determinada asignatura o área de estudio y para ello se elabora la Programación Curricular obligatoria para todas las instituciones educativas sean públicas o privadas.

El maestro enseña contenidos, instruye cómo hacer las tareas y para comprobar si el alumno aprendió, le toma un examen de todo lo trabajado o dictado. Cuando sale mal, le invoca y le da consejos. Finalmente le entrega su reporte de notas numéricas o cuantitativas.

La evaluación, a pesar de estar llena de indicadores de competencias y capacidades, no hay claridad para comprobar si éstos efectivamente se han desarrollado en el alumno(a). Nadie se preocupa por comprobar si se han desarrollado las competencias y habilidades si no de la nota cuantitativa. No hay capacidad o lineamientos específicos para ver los cambios que nuestra enseñanza ha producido en el alumno. Tampoco hay crítica y autocrítica del trabajo de enseñar. No sabemos si está bien o mal lo que estamos enseñando. Para enseñar bien o tener claridad, es fundamental investigar, analizar y sintetizar los efectos positivos o negativos que han producido los contenidos que hemos impartido y los principios metodológicos que hemos empleado. Este trabajo tiene que ser especificado para cada Área de estudios.

• El trabajo educativo es el más difícil y complejo, no tiene límite ni tiempo. No sólo se da en la clase y en el aula, sino, prácticamente en cada momento. También necesita de un programa que cada maestro lo forja con su pensamiento científico, su desarrollo intelectual, su moral, sus convicciones, su disciplina y está dedicado fundamentalmente a dirigir la vida del estudiante a su cargo. Ayudarle a resolver sus conflictos y problemas, incluso personales y familiares. La síntesis sería la siguiente:

- El maestro se propone ¿Qué debo hacer? Y ¿Qué debemos hacer? Para que mis alumnos asimilen mejor los conocimientos que les imparto durante la labor de enseñar. Ensayo estrategias metodológicas, así como su aplicación en la práctica. Y también, Cómo van a participar en forma efectiva y eficaz conmigo, entre ellos y con los demás.

- Forja en los estudiantes no sólo teoría sino sobre todo la práctica de las cualidades morales, convicciones, hábitos conductuales, aptitudes sociales y se interesa que se vuelvan conscientes y sobre todo aplicados a su vida diaria. El alumno aprende, aplica, transforma y se vuelve mejor cada día.

- De ninguna manera puede desarrollar una actitud adaptativa y complaciente del estudiante a su medio, su entorno social y al sistema en su conjunto; sino debe inculcarle la cualidad y la capacidad del cambio de sí mismo y del cambio social. Del logro de uno nuevo y superior sistema donde vive. No sólo se mira procedimiento, habilidad, competencia, sino también contenido, teoría y realidad concreta.

Ahora bien, la comprobación del trabajo educativo transformador se da en las actitudes y cualidades positivas y manifestaciones conductuales adecuadas de los estudiantes, en diferentes y diversas oportunidades, cuando están solos o en presencia del maestro. Por ejemplo a la hora del recreo, en las excursiones, en su casa, con sus hermanos, sus padres, sus visitas, sus vecinos, sus amigos, en fiestas, en el cine, con sus demás compañeros, los demás maestros, las autoridades, etc. Aquí no se mide con notas; es un reporte personal de los avances cualitativos serios y sinceros elaborados por los propios estudiantes. Comprobado posteriormente, en forma discreta, por el maestro. Para luego ser traducidos en una nota cuantitativa lo más aproximadamente posible a la cualitativa. Y, posteriormente para corregir los errores comunitariamente; aprendiendo de ellos y fortalecer y consolidar los logros, mediante la crítica y la autocrítica del trabajo de enseñar y educar.

Esta práctica se debe convertir en una decisión, una aspiración y hábito contundente del estudiante; lo que estaríamos logrando su transformación. Para que lo aprendido se convierta en hecho cualitativo o la instrucción se convierta en educación, debe llevar al niño y al joven a ser otro superior, y sobre todo llevarlo a la transformación de su realidad. Incorporar el conocimiento a nuestro comportamiento cotidiano para ser mejor, es parte importante de la educación transformadora. En teoría existe este llamado, pero, nadie lo cumple. Algunos lo utilizan como catarsis al incumplimiento. Nuestro pueblo necesita de su cumplimiento, necesitamos con urgencia, como puede notarse una Pedagogía para la Transformación, para la educación actual, su aprendizaje y la sociedad en su conjunto de valores incumplidos.

Como puede comprobarse, enseñar y educar son complementos indispensables, interactúan, se dan al margen de nuestra voluntad. Sobre todo la de educar, que no tiene vida propia. Si no desarrollo una Pedagogía para la Transformación, entonces aplico para la conservación y el rutinarismo, la adaptación y la aceptación de las cosas tal cual son. Por tanto, el maestro no sólo debe manejar bien la labor de enseñar los contenidos, sino, fundamentalmente manejar bien la técnica de la labor educativa, una preparación moral consciente donde prime lo colectivo, teniendo en cuenta principalmente como viven nuestros estudiantes y qué tipo de sociedad o sistema nos envuelve y condiciona. Así empieza la metodología del trabajo de educar para transformar. Y, como puede comprenderse está aparejada al trabajo de enseñar e instruir. Siendo lo fundamental el de educar para la transformación de nuestra realidad.

Forjemos pues una escuela que mueva la conciencia de transformación hacia la libertad y la conquista de una Sociedad Superior. Forjemos una escuela que desarrolle la vida comunitaria, aprenda y enseñe a transformar el mundo; es la única defensa que tenemos en contra del rutinarismo e individualismo educativo. Sigamos creyendo en una escuela solidaria y comunitaria que cultive en nuestros niños y jóvenes el inmenso sueño de aprender y enseñar el cálido amor a la humanidad; el ferviente deseo de liberación del sistema.

En ese sentido, el alumno no se transforma solo, necesita que los demás estén en el mismo camino, por tanto, el maestro, necesita también coordinar con los demás maestros para el trabajo en colectivo, comunitario; si éste no existe, el trabajo individual se debilita y el logro de transformación es mínimo y a veces se pierde; se transforma en individualismo, caro favor al rutinarismo y al sistema. Se pierde en el camino la vitalidad y la trascendental importancia de una Pedagogía para la Transformación.

Para el logro de una transformación efectiva del trabajo educativo, se necesita la participación voluntaria, comunitaria y sincera de cada maestro de una institución educativa y fuera de ella. Tres son los instrumentos fundamentales que nos deben ayudar en esta gran tarea: Una organización pedagógica firme y disciplinada que gestione el trabajo individual y colectivo de los maestros; una teoría pedagógica científica para la transformación y una práctica pedagógica transformadora individual y colectiva, principalmente colectiva. Aquí es cuando se choca contra el sistema, porque incluso, increíblemente hay maestros defensores del sistema en forma activa y otros que son pasivos, comúnmente los indiferentes. El reto es vencer esas dificultades que de todas maneras existen. La lucha contra el sistema y contribuir con la forja de una Sociedad Superior, tiene en la Pedagogía para la Transformación uno de sus instrumentos de importancia fundamental, no hay otra posibilidad en educación. Esa es la meta más grande a la que contribuye el trabajo educativo transformador en el sistema actual. Así, abrigar y aplicar una Pedagogía para la Transformación que contribuya en la forja de la Sociedad Superior debe ser la meta y aspiración más noble y humana de todos los maestros.

NOTA DE PEDIDO: Si estás de acuerdo, escribe adhiriéndote. Forma parte de la corriente de la Pedagogía para la Transformación. (Con todos tus datos y lugar). HAGAMOS UN MOVIMIENTO PEDAGÓGICO PODEROSO DE EDUCACIÓN DE NUESTRO PUEBLO.

NUESTRO PUEBLO RECONOCERÁ VUESTRA ATENCIÓN A LA PRESENTE.

Atentamente

Carlos Villacorta Valles
Director de http://caobac.blogspot.com

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