viernes, 28 de mayo de 2010

♣ EDUCACIÓN EN EL PERÚ (Parte introductoria II)


Carlos Villacorta Valles

La educación en el Perú nos impone el olvido de nuestro origen, del mundo andino, de la cultura andina, pero, ello está ahí, incólume, acrecentado por el tiempo, silenciado por el Estado y sus historiadores. Mientras no tengamos nuestros propios historiadores, el silencio siempre se llevará la gloria.

Es la memoria de privilegio, la que grita, la que se impone a través de la educación, el Estado y los medios de comunicación. Memoria minoritaria que se impone a la mayoría. Pero, nuestra memoria andina se niega a callarse. Nuestra memoria andina es liberación derramada, que algún día hará parir el sol ardiente de la justicia sobre primaveras de amor. Entonces lo auténtico crecerá. Combatir nuestra memoria de olvido, haciendo florecer colectivos transformadores en todo el mundo.
“Lo pasado ya es historia”, se nos dice con tono occidental, conspirando contra la verdad. “El origen ya fue”, “está lejano”, “se mezcló con lo occidental”, “hay que vivir el presente”, “hay que ser modernos no arcaicos”, nos lo repiten pacífica y violentamente. Sin embargo, reitero, nuestra realidad, que es nuestro origen y nuestra cultura andina, está por todos lados: En las zonas rurales, en las comunidades y etnias andinas, selváticas y amazónicas, en el arte, la música, la danza, la comida, el vestido, el idioma quechua y aymara, el lenguaje, en las ciudades, en la capital, en nuestros gestos, formas de caminar, de hablar, de trabajar, en nuestra conciencia y hasta en nuestros sentimientos. Pero, la imposición del olvido, que se manifiesta como indiferencia, pesa más. Nuestra conciencia se resiste a mirar. Nuestra memoria derrama silencio y olvido. Se resiste a despertar y mirar los hechos. Entonces, combatir nuestra memoria de olvido es de auténticos. Reivindicar nuestro origen y rescatar lo mejor es de peruanos. Olvidemos el olvido y que se imponga lo auténtico y lo peruano.

Negar lo auténtico se paga con alienación y pobreza.

Por otro lado, el Perú y los peruanos, tenemos un cansancio pedagógico de modelos ajenos. Estamos saturados de tanta literatura pedagógica democrática de palabra. Pura retórica, Y, es lo que nos permite recordar que, en tanta palabrería, se esconden verdaderas intenciones de intereses de privilegio. Privilegio de una clase que no le importa más que sus propios intereses. Su olvido y silencio nos deja con el pecho abierto para ser acribillados por la televisión anestésica con sus imágenes y palabras de consumo, distorsión, alineación y violencia. Verdadero arte de borrar y distorsionar la memoria y recordar lo que conviene a esos intereses. El Estado, las fuerzas militares y la tele, concentran la imposición violentista para el olvido y el silencio de sus fechorías y su impunidad. La misma educación pública ha sido desplazada por estos intereses y, en los privados, se despide a aquellos que osan tener más capacidad, pero que no se someten.

Los ciudadanos comunes y medios, vivimos en una cotidiana y permanente amenaza y coerción objetiva y subjetiva para el olvido y el silencio. Objetiva, referido al aspecto tangible de la bayoneta, la pistola, el fusil y el uniforme. Y, subjetiva, referido al cuerpo jurídico, de leyes y normas aplicables para los comunes, no para los que tienen el interés dominante. Sólo las mentes débiles se quedan, los demás enfrentan la situación, denuncian y levantan su voz. Guardan la memoria latente para la liberación y la transformación. La memoria es como la lava del volcán, duerme pero no olvida.

Por ello, a la imposición del olvido y el silencio, debe contraponerse la imposición del recuerdo. Lo nuevo y transformador solamente puede imponerse cuando no olvida la historia auténtica; por eso es importante volver a estudiar, volver a pensar, volver al origen y volver a contarlo. La única forma de entender el presente y construir el futuro, es aprender de la historia, cuidando sin embargo de no ser atrapados y recluidos por el pasado. La única forma para que lo nuevo florezca es recordar los hechos. Recordarlo todo. Hacer que los hechos hablen.

El hombre busca la verdad sin pensar que lo tiene en la memoria, frente a él, en sus propias manos; la mente fracasa porque se deja vencer por el olvido y el silencio. Mientras exista el impedimento para el desarrollo de los más capaces, mientras la exclusión y la injusticia formen parte del sistema, no puede imponerse el olvido y el silencio, ni la paz sin consuelo. Ningún hombre justo y consciente puede convivir en paz con las injusticias y con el sistema que los genera. ¡Basta de este mundo mentiroso que impone el olvido y el silencio de sus criaturas!

Participa en esta cruzada por la forja de una educación transformadora en contra de la memoria de olvido. Tus comentarios se conviertan en textos de apertura y debate. Estoy facilitando mi correo electrónico en la parte superior de la derecha en mi blog: vilpom@hotmail.com

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