lunes, 11 de enero de 2010

♣ BAGUA Y EL SEMBRADOR DE VIENTOS

Bagua y el sembrador de vientos
Por Roger Rumrrill

“El Dr. Alan García es el arquetipo del peruano: empieza todo y nada termina”, decía una diplomático extranjero aludiendo a esta condición nacional que parece la maldición de Sísifo y que hace que el actual jefe de Estado sea un irrefrenable sembrador de vientos para cosechar tempestades.

Su hostil trato con los pueblos indígenas es un ejemplo. Para una mejor ilustración veamos una breve cronología de esta vocación suicida. El 28 de octubre del año 2007 el Dr. García publicó su artículo “El síndrome del perro del hortelano”, que será recordado como la cumbre del pensamiento reaccionario y antimoderno. Esta pieza antológica niega la capacidad cultural, política, económica y social de los pueblos indígenas.

El pensamiento único del Dr. García le puso el contenido ideológico y doctrinario a los decretos legislativos del “perro del hortelano” que provocaron la resistencia indígena exigiendo la derogatoria y cuyo epílogo fue la tragedia de Bagua del 5 de junio pasado.

La respuesta a los indígenas que habían desafiado su poder fue barrer a la organización de los indígenas, AIDESEP. Entonces, desde las alturas se ordenó crear una AIDESEP falsa; luego se puso en el escenario para dividir a los indígenas a Hernando de Soto, un vendedor de ilusiones. A continuación se fraguó la disolución de AIDESEP y para coronar la estrategia de demolición se ha digitado un informe exculpatorio de la tragedia de Bagua y se ha dispuesto una campaña de satanización contra los indígenas mostrando una foto del mayor Bazán que todo el mundo sospecha que es un montaje.

Los acuerdos de las mesas de diálogo serán entregados mañana al Ejecutivo. Para ese acto han llegado a Lima todos los Apus que integran las 8 regiones bases de AIDESEP. Ellos sospechan que estos acuerdos podrían ser encarpetados, caer en el olvido y perderse en el laberinto kafkiano del Congreso.

Pero los indígenas amazónicos están ahora preparados para nunca más tolerar ni aceptar que sus demandas de justicia sean enterradas por ningún sembrador de vientos.

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