lunes, 15 de marzo de 2010

♣ MIGUEL HERNÁNDEZ EL POETA SOLDADO

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El poeta soldado

En 1972 el cantautor catalán Joan Manuel Serrat irritó a la dictadura franquista al musicalizar los versos de Miguel Hernández, el poeta de la resistencia española, muerto en la cárcel en 1942. Cien años se cumplirán de su nacimiento en octubre próximo y Serrat ha vuelto con un nuevo homenaje al poeta titulado : “Hijo de la luz y de la sombra”, un disco excepcionalmente conmovedor.

Por Ángel Páez

La memoria es la venganza de la justicia. El gobierno español anunció hace poco que declarará injusta la condena a muerte emitida por un tribunal militar contra el autor de “El rayo que no cesa” (1936), y que reparará su memoria proclamando su inocencia. Hernández fue condenado el 18 de enero de 1940 por levantarse en armas contra el generalísimo Francisco Franco.
Aunque la dictadura cambió la pena capital por una condena de 30 años de cárcel, el poeta falleció en su encierro el 28 de marzo de 1942, víctima de tifus, neumonía y tuberculosis, enfermedades que desarrolló entre los barrotes. Tenía apenas 32 años. Pero antes de irse de este mundo Hernández escribió, a escondidas de los guardias, estos versos que revelan su  convicción de que la poesía es una forma de libertad:

Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero,/
Ata duro a ese hombre: no le atarás el alma,/
son muchas llaves, cerrojos, injusticias:/
No le atarás el alma./

La muerte de Miguel Hernández completó una campaña de odio y muerte desatada por el fascismo español contra los poetas que se negaron a sumarse a los enterradores de España. El 18 de agosto de 1936 los franquistas fusilaron a Federico García Lorca. El 22 de febrero de 1939, huyendo de la cacería que se había desatado para atraparlo, la muerte sorprendió al venerado Antonio Machado, después de haber cruzado la frontera francesa. A Franco solo le faltaba Miguel Hernández, a quien odiaba más porque, a diferencia de García Lorca y Machado, tomó las armas y era comunista. Una vez muerto Hernández, el Generalísimo creyó que las nuevas generaciones olvidarían al más rebelde y entrañable de los poetas que se enfrentaron a las fuerzas más retrógradas de España. Se equivocó.

En 1972 Joan Manuel Serrat tenía 29 años y ya era conocido por su talento interpretativo y por haberse atrevido a cantar y grabar discos en catalán, contraviniendo la disposición gubernamental que prohibía cantar en un idioma que no fuese el castellano. Serrat desafió al franquismo trasnochado: publicó un álbum que incluía diez poemas musicalizados con un título que debió haber avinagrado al dictador: “Miguel Hernández”. Para decirles a los fascistas que juraban que, muerto el poeta, muerta también estaba su poesía, Serrat incluyó los versos de “Para la libertad”, un poema cuyo solo título era subversivo en ese momento.

Transcurridos 38 años, Joan Manuel Serrat vuelve a celebrar la vigencia del poeta. Su nuevo disco lleva el título de uno de los poemas más conmovedores de Hernández, “Hijo de la luz y de la sombra”, escrito en prisión. Uno de los poemas que escogió se llama “Si me matan, bueno”, y dice así:

Traidores me echan veneno/
Y yo les echo valor./
Si me matan, bueno;/
si vivo, mejor./

El portal español “20 Minutos” le preguntó al cantautor catalán por qué había dedicado otro disco al autor de “Viento del pueblo” (1937), a lo que contestó: “Por su vigencia. Si no fuera así, lo que escribió no tendría validez ni estímulo suficiente como para que se hablara hoy de ello. Los poemas de Hernández fueron escritos en unas circunstancias determinadas, pero han pervivido en el tiempo”.

La historia del poeta

Nacido en los campos de Orihuela, Alicante, el 30 de octubre de 1910, Miguel Hernández, segundo hijo de una familia de pastores, mientras acarreaba las cabras escribió su primer libro, “Perito en luna” (1933), que dejó boquiabiertos a sus contemporáneos. Un cura le había prestado libros de poesía y decidió que sería poeta. El mismo año en que salió su primer libro, le pidió a Federico García Lorca que difundiera sus versos. Este le contestó: “Tienes la sangre de poeta, y hasta cuando en tu carta protestas, tienes en medio de cosas brutales (que me gustan) la ternura de tu luminoso y atormentado corazón”. Pero Miguel Hernández era extremadamente humilde. Cuando le escribió a Juan Ramón Jiménez, le pidió que revisara los versos “de un pastor un poquito poeta”.

Pablo Neruda fue un entrañable amigo de Miguel Hernández y tuvo un papel decisivo en su vida. “Yo lo conocí cuando llegaba de alpargatas y pantalón campesino de pana desde sus tierras de Orihuela, en donde había sido pastor de cabras. (…) Miguel era tan campesino que llevaba un aura de tierra en torno a él”. Al estallar la guerra civil, se sumó a los republicanos y cumplió un activo papel, no solo disparando el fusil, sino también aleccionado a las tropas con sus poemas. Terminado el conflicto, y a sabiendas de que el Generalísimo había ordenado fusilar a los vencidos, intentó fugar a Portugal pero lo detuvieron y condenaron a muerte. Neruda cumplía misión diplomática en París cuando recibió una carta desesperada de Hernández. El poeta chileno recurrió a una novelista francesa amiga de un cardenal cercano a Franco. Leyéndole los poemas infantiles de Miguel Hernández, Neruda y la escritora convencieron al religioso: ¡no se podía mandar al paredón a un poeta que escribía inspirado en Dios y los santos! El sacerdote mandó una suplicante nota al Generalísimo y este le dio libertad. Pero no duró mucho tiempo. Cuando regresó a Orihuela para recoger a su esposa y a su hijo con el propósito de viajar a Chile con la ayuda de Neruda, los fascistas lo detuvieron y acusaron de crímenes inverosímiles. “Ya no pudimos intervenir por él”, relató Neruda: “Allí murió, allí quedó apagado el nuevo rayo de la poesía española”.

En su memoria

Serrat contó al diario “ABC” cómo es que retornó a Miguel Hernández: “Miguel es un poeta extremadamente musical, y somos muchos los que con mayor o menor fortuna hemos probado poner música a sus versos”, explicó: “Creo que las canciones del disco de 1972 siguen en la memoria de la gente, y como es el año de su centenario pensé que sería raro que en mis conciertos no apareciera alguna de sus canciones. Pensé en retomar aquellas y añadir alguna pieza nueva, pero al emprender de nuevo el camino de sus versos fueron destilándose historias, y poco a poco me encontré con un material de calidad, y el proyecto fue creciendo hasta llegar al disco”.

“Canción del esposo soldado” es uno de los poemas que escogió Serrat para el disco. Hernández, al enterarse de que Josefina Manresa, su esposa, estaba embarazada, le envió estos versos desde la trinchera. Era 1937, la guerra había estallado:

He poblado tu vientre de amor y sementera,/
he prolongado el eco de sangre a que respondo/
y espero sobre el surco como el arado espera:/
he llegado hasta el fondo./
Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,/
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,/
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos/
de cierva concebida./
Ya me parece que eres un cristal delicado,/
temo que te me rompas al más leve tropiezo,/
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado/
fuera como el cerezo./

Joan Manuel Serrat esta vez ha preferido acentuar el verso amoroso de Hernández. Por eso también escogió “El mundo de los demás”:

Trabajo y amor me cuesta/
Conmigo así, ver contigo:/
Aparecer, como el agua/
Con la arena, siempre unidos./

¿Y por qué prefirió los poemas amorosos?, le preguntaron a Serrat. “Porque cuando la gente está ocupada en temas del amor no se preocupa de otras maldades”. La República.

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