domingo, 21 de febrero de 2010

♣ CAMPEONES ANTERIORES DE MATEMÁTICA Y DESIDIA ESTATAL.

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¿Qué pasó con nuestros muchos campeones de matemática?

El Colegio Mayor improvisado, sólo es para las tribunas. Acabará como nuestros anteriores campeones de matemática. Nuestros campeones de matemática, sin apoyo desde 1985, unos 217 estudiantes nos han representado en olimpiadas mundiales de matemáticas. Aquí la historia del destino y las peripecias que atravesaron estas jóvenes promesas. 

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Por: Nelly Luna Amancio
El azar también se encubre entre los números. Jimmy Astupillo —niño prodigio becado por una academia desde los 9 años, medalla de bronce en las olimpiadas del continente y mención honrosa en un campeonato mundial— reposa esta calurosa tarde de febrero en su modesta casa de ladrillos de Comas. Razona sobre el azar. Dice que es posible conocerlo con las probabilidades, pero que él prefiere las certezas. El niño que durante más de nueve años arrasó los campeonatos de matemáticas y exámenes de admisión tiene ahora 28 años y aún no logra acabar la universidad. De aquellos años en los que la prensa y los profesores lo tildaban como la adolescente promesa matemática tiene solo los recuerdos que hoy cuelgan en la pared de ladrillos de su sala: hay un corazón forrado en tela negra del que pende una decena de medallas protegidas con un plástico transparente, empolvado.

Cada vez que recuerda, Jimmy agacha la cabeza y junta sus manos como si fuera a rezar. Cuenta que un día de 1992 de pronto llegó a su colegio de Comas un profesor y le ofreció una beca en una academia. “Yo era bueno con los números y ya había ganado algunos concursos interescolares”, dice. Así fue como acabó sentado en la primera fila del aula de una academia preuniversitaria cuando sus piernas ni siquiera alcanzaban el piso. “A mí siempre me asombró mi hijo Jimmy, no sabía ni leer y ya resolvía los pupiletras de los periódicos, a los 6 años ya repetía la tabla de multiplicar”, dice doña Amelia, la madre que llegó de Arequipa cuando este lugar era todavía un terral.

Jimmy lleva un pantalón corto, un polo sin mangas y una chaquira en el cuello. Luce descansado, pero no siempre está así. Desde hace unos años su rutina consiste en viajar los domingos por la noche hacia Trujillo (donde enseña matemáticas en un colegio los lunes y martes), retornar con las mismas y amanecer en Lima los miércoles, dar clases de álgebra en una academia del centro de Lima, y así, por fin, entregarse los jueves y viernes a sus cursos de matemática pura en San Marcos. Este distorsionado horario lo obliga a llevar apenas dos cursos por semestre: Jimmy ya debería haber terminado la carrera, pero aún tiene para varios años más. La necesidad económica eligió por él. No era la primera vez.
TALENTO SIN APOYO
En 1998 Jimmy ocupó el primer lugar de ingreso a Ingeniería Mecatrónica en la UNI, pero no terminó. Su mamá enfermó y tuvo que trabajar dictando clases en una academia. “Los horarios de clase se cruzaban con los del trabajo, tuve que dejarlo”.
—¿Por qué no continuaste?
—Por vergüenza.
—¿Has intentado postular a una beca en el extranjero?
—Nunca lo he intentado.
—¿Por qué?
—Por falta de información, creo
—¿Alguna vez alguien del Ministerio de Educación te ofreció apoyo o una beca?
—No.
El 2008 el Perú ganó su primera medalla de oro en una olimpiada mundial de matemáticas y ocupó el puesto número 17 de un total de 104 países que participan anualmente en este certamen. Y el año pasado quedó en un expectante puesto 24. Los puntajes del Perú están, incluso, por encima de países como España, Francia, Cuba, Argentina, Chile y Colombia. ¿Será que este talento —que los mismos matemáticos dicen que es innato— procede de ese natural cálculo mental que durante generaciones ha obligado a las familias peruanas a dividir lo que falta, a sumar lo que resta? Puede ser, pero hay algo más.

La perversa contradicción de tener uno de los peores sistemas de educación pública y ocupar al mismo tiempo un lugar importante en las competencias de matemáticas tiene una explicación nada matemática.
Desde hace más de una década el sector privado —léase la Somape y la Universidad Católica— viene dando una intensa y selectiva preparación a los mejores estudiantes de escuelas y academias. “Este apoyo es lo que ha mejorado el rendimiento de los más jóvenes, pero lo que no cambia es la indiferencia del Estado hacia estos grupos de estudiantes”, dice, con la autoridad de ex olímpico, Jesús del Carpio Talaverano, uno de los cuatro estudiantes que participaron por primera vez aquel diciembre de 1985 en una competencia internacional: la primera Olimpiada Iberoamericana de Matemáticas realizada en Colombia. “Los que participamos en esa primera olimpiada nunca antes habíamos practicado en un examen tipo olimpiada: dos días de evaluación, cada uno con tres problemas para ser resueltos en no más de cuatro días, estábamos nerviosos, pero contentos”.

De ese primer concurso internacional al que el Perú asistió, Jesús recuerda un hecho que entonces causó indignación, pero que ahora le parece ya una anécdota.

Ese noviembre de 1985 el entonces presidente García firmó una resolución que oficializaba el nombramiento del equipo que representaría al Perú en las olimpiadas, pero no dijo nada más. “Sacó la resolución, pero no hubo dinero, nada, al final una empresa nos donó los pasajes para los alumnos y los dos profesores que nos acompañaban consiguieron los suyos”, cuenta. Lo peor llegó al volver. “Fuimos al aeropuerto y en el “counter” nos dijeron que nuestros pasajes de retorno para ese 19 de diciembre habían sido vendidos porque era temporada alta, nos habían cambiado el retorno para después de Navidad”. Mientras el tema se resolvía en Lima, la selección de estudiantes se alojó en la casa del cónsul.

Las historias de desplantes se repiten con la llegada de un nuevo concurso. Aún ahora es complicado conseguir los pasajes para el traslado de los muchachos. “Hay mucho talento por descubrir en el Perú”, dice el profesor Uldarico Malaspina, miembro de la Sociedad Matemática Peruana (Somape). Muchos de estos ex olímpicos desarrollan una carrera prometedora aquí y en el exterior, pero otros, con menos oportunidades, ceden a los dilemas económicos y son contratados como docentes en alguna de las tantas academias del país.
Aunque a muchos de los olímpicos les encante y disfruten las matemáticas, la mayoría acaba por elegir alguna de las ingenierías. Un matemático en el Perú solo puede dedicarse a la docencia. Aquí nadie paga por la investigación. En países con un rendimiento menor al nuestro, los matemáticos desarrollan las teorías que más adelante aplicarán la ingeniería y otras ciencias. “Las leyes de Newton no se podrían haber creado sin la teoría matemática diferencial”, dice Jesús del Carpio. Él eligió ingeniería de sistemas y ahora dirige su propia empresa en San Martín de Porres.

LAS GANAS DE SUPERACIÓN


Los padres de Jesús del Carpio Talaverano, como la madre de Jimmy Astupillo, pertenecen a esa estirpe de esforzados migrantes que lo dieron todo por la educación de sus hijos. El padre de Jesús no estudió ninguna profesión, pero siempre mostró mucho interés por el desempeño académico de sus hijos. “Mi papá es perfeccionista e inteligente. Él tiene una frase: “Solamente hay dos formas de hacer las cosas: o las haces bien o las haces mal, el más o menos no existe””. Su padre le inculcó eso y mucha disciplina. “Le encantaba los juegos de pensar. Nos hacía concursar entre nosotros: tres por doce, once por once, nueve por ocho”, recuerda Jesús. El padre —dejaba a un lado el cansancio laboral— siempre preguntaba por el avance en el colegio. “Veíamos poca televisión, pero qué niño entendería eso hoy”.


Todo triunfo conlleva sacrificios. Jesús cuenta como anécdota que él nunca aprendió a jugar trompo y que su primera cometa la voló recién cuando nacieron sus hijos. “Tampoco aprendí a montar bicicleta porque nunca la tuve”, dice. Ahora, en perspectiva, recuerda aquellos años y confiesa que gracias a ello siempre tuvo claro su norte. “Maduré mucho más rápido, a los 16 años ya sabía qué quería y qué tenía que hacer para lograrlo”.
En los hijos de migrantes el valor de superación y esfuerzo está mucho más arraigado. “Valoramos más el esfuerzo de nuestros padres, entendemos que para ellos incluso fue más difícil que para nosotros, y mis hijas, por ejemplo, no pasan ni la centésima de lo que yo pasé”, cuenta Jesús. La valoración del esfuerzo cambia con cada generación. Sin duda, la necesidad de tener algo moviliza el esfuerzo.

LA TAREA DEL ESTADO

Desde 1985, el Perú ha participado en 45 olimpiadas, 13 de ellas de carácter mundial y las otras continentales. En todo este tiempo el nivel de la selección peruana ha ido mejorando notablemente. Del puesto 60 que ocupó el Perú en el mundo, el año 2003, ahora está en el puesto 24.

La Sociedad Matemática sostiene que el apoyo privado es importante pero que el Estado tiene que hacer más, sobre todo por los jóvenes de menos recursos. Ellos recomiendan crear un programa que promueva e incentive el retorno de los talentos peruanos que radican en el exterior, desarrollar un programa de detección y formación de jóvenes talentos, fortalecer e invertir en proyectos de investigación en matemática. “Es inconcebible que haya tan buenos estudiantes pero que no reciban ningún apoyo, el presupuesto de Educación es terrible”.

—¿Te consideras superdotado?
— No, para nada, solo tengo habilidades, como otros las tienen para otras cosas.
—¿No duermes pensando en un problema?
—Muchas veces.

Jimmy todavía recuerda el problema número seis de la Olimpiada Mundial de 1997 que lo obsesionó durante más de ocho años. Halló la respuesta en un boletín que compró con todo lo que tenía en el bolsillo. La intriga se desvaneció con un alivio: “era un problema que yo jamás hubiera podido descubrir”.

LA CIFRA
8 Años, entre 1989 y 1997, el Perú dejó de participar en las Olimpiadas Mundiales de Matemáticas. La crisis económica de entonces también limitó la participación en otros certámenes.El Comercio

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