domingo, 9 de enero de 2011

♣ ARGUEDAS ASESINADO POR LA INDIFERENCIA Y LOS SOCIÓLOGOS DEL IEP


He vivido en vano

J. M. Arguedas (1911-1969). Cuatro años después de las 
mesas redondas organizadas en 1965 por el Instituto de Estudios 
Peruanos (IEP) –donde se dijo que su novela “Todas las sangres” 
no era aprovechable sociológicamente–, Arguedas decidió 
quitarse la vida.
Creo que hoy mi vida ha dejado por entero de tener razón de ser.
Destrozado mi hogar por la influencia lenta y progresiva de
incompatibilidades entre mi esposa y yo; convencido hoy
mismo de la inutilidad o impracticabilidad de formar otro hogar
con una joven a quien pido perdón; casi demostrado por dos
 sabios sociólogos y un economista, también hoy, de que mi libro
 “Todas las sangres” es negativo para el país, no tengo nada que
 hacer ya en este mundo.
Mis fuerzas han declinado creo irremediablemente.
Pido perdón a los que me estimaron por cuanto de incorrecto
 haya podido hacer contra cualquiera, aunque no recuerdo nada
de esto. He tratado de vivir para servir a los demás. Me voy o me
 iré a la tierra en que nací y procuraré morir allí de inmediato.
Que me canten en quechua cada cierto tiempo donde quiera se
mehaya enterrado en Andahuaylas, y aunque los sociólogos
 tomen abroma este ruego –y con razón– creo que el canto
 me llegará nosé dónde ni cómo.
Siento algún terror al mismo tiempo que una gran esperanza.
Los poderes que dirigen a los países monstruos, especialmente
a los Estados Unidos, que, a su vez, disponen del destino de los
países pequeños y de toda la gente, serán transformados.
Y quizá haya para el hombre en algún tiempo la felicidad.
El dolor existirá para hacer posible que la felicidad sea
 reconocida, vivida y convertida en fuente de infinito y
triunfal aliento.
Perdón y adiós. Que Celia y Sybila me perdonen,
José María Arguedas.
(El quechua será inmortal, amigos de esta noche. Y eso 
no se mastica, solo se habla y se oye).

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